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<title><![CDATA[Un dia en Shanghay]]></title>
<description><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><strong style="mso-bidi-font-weight: normal"><span style="FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%"><font face="Calibri"></font></span></strong></p><br /><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><strong style="mso-bidi-font-weight: normal"><span style="FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%"><font face="Calibri">Nada como viajar para conocer mundo<o:p></o:p></font></span></strong></p><br /><br /><br /><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><strong style="mso-bidi-font-weight: normal"><span style="FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%"><font face="Calibri">Yo he visto atacar naves ardiendo m&aacute;s all&aacute; de Ori&oacute;n, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhausser&hellip; tambi&eacute;n he visto bragas y calcetines a 0,30 c&eacute;ntimos de euro. Todos estos momentos se perder&aacute;n en el tiempo como l&aacute;grimas en la lluvia.<o:p></o:p></font></span></strong></p><br /><br /><br /><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><span style="FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%"><font face="Calibri">Lo bueno que tiene ser escritor es que viajas mucho, ayer sin ir m&aacute;s lejos tuve que ir a Humanes de Madrid para hablar con un distribuidor de libros. Despu&eacute;s de recorrerme Parla, Gri&ntilde;&oacute;n y los casi 80 pol&iacute;gonos de la zona sur, por fin encontr&eacute; el sitio y la persona con la que me hab&iacute;a citado. La entrevista, mal; resulta que para que distribuyan tus libros tienes que ser alguien, y yo me pregunto que &iquest;si no est&aacute;n mis libros en las estanter&iacute;as de las librer&iacute;as, <span style="mso-spacerun: yes">&nbsp;</span>c&oacute;mo voy a ser conocido? Total, <span style="mso-spacerun: yes">&nbsp;</span>&ldquo;la pescadilla que se muerde la cola&rdquo; y &ldquo;ya sabemos que esto no es un camino de rosas&rdquo;.<o:p></o:p></font></span></p><br /><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><span style="FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%"><font face="Calibri">Me recompongo y, al menos, consigo que a rega&ntilde;adientes el hombre me distribuya en alguna librer&iacute;a de Madrid, eso s&iacute;, despu&eacute;s de prometerle que me convertir&eacute; en &ldquo;alguien&rdquo;, aunque para ello tenga que dedicarme al asesinato en serie, &ldquo;el descuartizador de folios&rdquo;. Pero, bueno, hoy no toca hablar del negocio de las distribuidoras, ni del porcentaje que se llevan por la venta de libros. Hoy toca hablar de algo m&aacute;s l&uacute;dico: de lo que descubre uno viajando.<o:p></o:p></font></span></p><br /><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><span style="FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%"><font face="Calibri">Enfilo hacia Madrid por la carretera de Toledo y, con tanta industria y cami&oacute;n de reparto a mi alrededor, mis tripas me sugieren que les mande algo acorde con el ambiente de currantes, &iexcl;pincho de tortilla! Cojo la primera v&iacute;a de servicio que encuentro y desemboco en un pol&iacute;gono. De pronto, empiezo a ver chinos por todos lados, los r&oacute;tulos de las naves en chino, los indicadores de las calles en el idioma oriental&hellip; Un ambiente que me hace pensar &iquest;d&oacute;nde co&ntilde;o me he metido? <o:p></o:p></font></span></p><br /><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><span style="FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%"><font face="Calibri">Todo esto me recuerda una vez que me perd&iacute; en Estados Unidos, en el estado de Maryland. Despu&eacute;s de recorrer no s&eacute; cu&aacute;ntos kil&oacute;metros, perd&oacute;n millas, buscando una playa, llegu&eacute; hasta una especie de pantal&aacute;n abandonado. Un sitio inh&oacute;spito y despoblado. Por fortuna, encontr&eacute; un &uacute;nico coche con alguien en su interior, me baj&eacute; del m&iacute;o y me acerqu&eacute; a preguntar; entonces, me encuentro que el conductor es un hombre de color, negro, de unos cuarenta a&ntilde;os, disfrazado de Minie, s&iacute;, la novia de Mickey Mouse. Ah&iacute; estaba &eacute;l, con su trajecito rosa de lunares y una diadema de orejitas del mismo color tambi&eacute;n con sus lunares blancos &iexcl;una monada! Me entr&oacute; la risa al verle, pero a &eacute;l no le hizo gracia. En ese momento me doy cuenta de lo que le voy a preguntar: &iquest;d&oacute;nde hay una playa por aqu&iacute;?, es decir, <span style="mso-spacerun: yes">&nbsp;</span>&iquest;Is there any beach around here? <span style="mso-spacerun: yes">&nbsp;</span>Hasta aqu&iacute; todo normal, entre comillas; me acuerdo de mis problemas de pronunciaci&oacute;n, &ldquo;beach&rdquo; significa playa, lo s&eacute;, pero &ldquo;bitch&rdquo; significa perra, puta. Miro a la cara al conductor con orejitas de Minie y le suelto la pregunta sin m&aacute;s, alargando como pude la palabra beeeaaaach para que no le cupiera duda y no interpretara que estaba buscando putas por all&iacute; o peor a&uacute;n, que pensara contratar sus servicios. <span style="mso-spacerun: yes">&nbsp;</span>Aunque, la verdad, hubiera tenido su morbo con el trajecito. Me mir&oacute; con sus orejitas de lunares y frunci&oacute; el ce&ntilde;o. &iexcl;Joder, no me ha entendido! Se lo repito otra vez un poco acojonado, &iquest;Is there any beeeeeeeeaaaaaaaaaach around here?, esto escrito tiene menos gracia, pero intentad pronunciar de manera diferente beach y bitch sabiendo lo que te juegas. El caso es que me dice que no con la cabeza, le noto un poco violento, no s&eacute; si es que ha entendido lo que no es o que simplemente est&aacute; m&aacute;s avergonzado que yo por su disfraz. Total que doy media vuelta y me marcho sin conseguir enterarme de nada, &ldquo;por si las flys&rdquo;.<o:p></o:p></font></span></p><br /><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><span style="FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%"><font face="Calibri">Vuelvo a la actualidad y el caso es que me encuentro en el pol&iacute;gono de los chinos con la misma sensaci&oacute;n de perdido, doy una vuelta buscando un &ldquo;bareto&rdquo; y, seg&uacute;n me interno en la zona, todo se vuelve m&aacute;s asi&aacute;tico. Veo a un grupo de orientales descargando un tr&aacute;iler y les pregunto por un bar. Me miran, se miran entre ellos, y me miran otra vez sin decir nada. Me acuerdo de que un amigo me hab&iacute;a comentado la existencia de este lugar y de lo baratos que eran los precios.<span style="mso-spacerun: yes">&nbsp; </span>Decido bajarme del coche, poner pie en aquella tierra ind&oacute;mita, y me meto en una de las naves donde venden bolsos. La verdad es que no son feos, supongo que son modelos copiados de Hermes, Louis Vuitton, Gucci, veo los precios y me quedo a cuadros, entre 6 y 8 euros. Un chino me sigue a medio metro desde que he entrado en la tienda sin despegarse de m&iacute;, no se f&iacute;a. Al final, el de la distribuidora de libros va a tener raz&oacute;n, no soy nadie. Le pregunto a mi acompa&ntilde;ante por un precio y me responde haciendo gestos con la mano hacia la puerta, por lo visto ah&iacute; se encuentra alguien que habla castellano. Me acerco a una se&ntilde;orita asi&aacute;tica y le pregunto por los precios, me chapurrea que tengo que llevarme doce bolsos si quiero que me mantenga el precio que marca. Le digo que aqu&iacute;, en Espa&ntilde;a, nos casamos con una sola mujer, que son los &aacute;rabes los del har&eacute;n, que s&oacute;lo quiero uno. <span style="mso-spacerun: yes">&nbsp;</span>&ldquo;M&aacute;s calo&rdquo;, <span style="mso-spacerun: yes">&nbsp;</span>me dice, &ldquo;die eulo&rdquo;. Le pregunto que si puedo pagar con tarjeta y me mira muy borde como si la estuviera insultando. &ldquo;Banco, banco&rdquo;, me repite se&ntilde;alando con la mano hacia un sitio indeterminado a sus espaldas. Me mosqueo y salgo de la tienda, me voy andando para curiosear otras naves, hay de todo, ropa, zapatos, regalos, camisetas, plantas&hellip; <o:p></o:p></font></span></p><br /><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><span style="FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%"><font face="Calibri">Entro en una tienda de camisetas y le pregunto a una dependienta china muy simp&aacute;tica que si podr&iacute;an&nbsp;serigrafiar un dibujo, me mira con cara de &iquest;qu&eacute; me est&aacute;s contando? Como parece maja, nos ponemos a jugar a las pel&iacute;culas, por fin&nbsp;consigo que adivine el nombre del&nbsp;film que le estoy interpretando &quot;&iquest;Pueden imprimir un dise&ntilde;o en las camisetas? &nbsp;&ldquo;Tles meses, familia China&rdquo;, me dice levantando el brazo para que entienda la tardanza, que China est&aacute; en el quinto co&ntilde;o. Le doy las gracias, al menos su simpat&iacute;a me hace reconciliarme con la idiosincrasia de su raza, pero me dura poco; veo otra nave con vestidos, son bonitos y me extra&ntilde;a, entro y escucho una voz dicharachera a mis espaldas &ldquo;Hola, qu&eacute; tal, &iquest;c&oacute;mo est&aacute;s?&rdquo;, me giro dispuesto a devolverle la amable bienvenida y me encuentro con un chino que me mira serio y con cara de mala hostia, me quedo cortado y s&oacute;lo le respondo un escueto &ldquo;queay&rdquo;. Me ha saludado como si lo hiciera un loro, sin tener el m&aacute;s m&iacute;nimo conocimiento de lo que estaba diciendo, ni siquiera el tono. Me dice que me tengo que llevar 12 vestidos, le digo que uno y me indica la puerta, el t&iacute;o borde. Me dan ganas de decirle &iquest;usted, no sabe con qui&eacute;n est&aacute; hablando?,&nbsp;pero me acuerdo del de la distribuidora y me callo. No soy nadie. <o:p></o:p></font></span></p><br /><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><span style="FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%"><font face="Calibri">Veo una nave donde tienen unos calcetines de rayitas de colores que me gustan, entro&nbsp;en el local y tienen todo tipo de ropa interior, ba&ntilde;adores, bikinis, calcetines&hellip; Me fijo en las bragas, la cabra tira al monte, tienen unos treinta maniqu&iacute;es con los modelos y los precios. Cuestan entre 0,30&euro; y 0,40&euro; la unidad, muchas son horrorosas, incluso dise&ntilde;os que debieron ser lo m&aacute;s &ldquo;chic&rdquo; en la pel&iacute;cula &ldquo;55 d&iacute;as en Pekin&rdquo;, con calados rojos y lacitos de colores por doquier, &iexcl;infames! Tambi&eacute;n hay modelos para tallas grandes, en fin&hellip; Encuentro que tienen bodies, picard&iacute;as de colores y d&eacute;shabill&eacute;s, <span style="mso-spacerun: yes">&nbsp;</span>&iexcl;joder con los chinos! Todo tirado de precio. Por fin, encuentro unas bragas &ldquo;decentes&rdquo;, unos tangas de colores, marca Dulce&amp;Camino, se me ocurre que tendr&iacute;an m&aacute;s &eacute;xito si les pusieran Dulce&amp;Chumino, pero si quieren mejorar el marketing, que lo paguen. Me voy a por la dependienta y como ya me lo s&eacute;, le pregunto que si el precio que marca, 3,75&euro; el paquete de doce es real. Me dice que si me llevo una docena de paquetes, &eacute;se es el precio. Hago un c&aacute;lculo mental aproximado, una docena de paquetes son 144 bragas, como son &quot;talla &uacute;nica&quot;,&nbsp;pienso en la neska, en&nbsp;mi cu&ntilde;ada Almudena, en mis sobrinas Lucia y Salom&eacute;, en Ana, en mi suegra&hellip; Pero, a&uacute;n as&iacute; no me salen las cuentas,&nbsp;tocan a m&aacute;s de veinte bragas por culo,&nbsp;no consigo&nbsp;traseros para tantos tangas&nbsp;ni en toda mi familia. Le digo que s&oacute;lo quiero un paquete, &ldquo;m&aacute;s calas, cinco eulos&rdquo;. Vale, le digo y le pongo el paquete en las manos, le indico con firmeza para me siga como si fuera mi porteadora, voy a por la docena de calcetines de colores y la misma operaci&oacute;n: &ldquo;cinco eulos&rdquo;. Ya estoy en mi salsa, la dependienta me va siguiendo por la tienda cargando con los paquetes y yo como si fuera Mickael Jackson de compras, &iexcl;joe, a esos precios!. Compro una docena de calcetines para mi hijo, fant&aacute;sticos, &iexcl;cinco eulos!, menudo chollo. Total, por quince euracos <span style="mso-spacerun: yes">&nbsp;</span>me voy m&aacute;s contento que unas casta&ntilde;uelas. Veo m&aacute;s naves, tienen cinturones de cuero a 2&euro;, veo unas carteras muy bonitas imitaci&oacute;n de cuero por 2,50&euro;, pero, &iquest;qu&eacute; hago con una docena? <o:p></o:p></font></span></p><br /><br /><br /><p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 10pt"><span style="FONT-SIZE: 12pt; LINE-HEIGHT: 115%"><font face="Calibri">Me acuerdo que yo ven&iacute;a a por mi pincho de tortilla y consigo encontrar un bar. Pienso que va a ser como si me metiera en un tugurio de Shanghay, me imagino un par de chinos con gorrito de paja bebiendo sake, otros gritando alrededor de una mesa jug&aacute;ndose el dinero&hellip; pero no, qu&eacute; decepci&oacute;n, entro y s&oacute;lo hay t&iacute;os espa&ntilde;oles, ataviados con su mono azul de trabajo y tom&aacute;ndose la reglamentaria copa de orujo de despu&eacute;s de comer, ni un chino. &iquest;De d&oacute;nde han salido los nacionales? &iquest;Los asi&aacute;ticos no comen? Con esta cuesti&oacute;n en mi mente me pido, por fin, mi a&ntilde;orado y aut&eacute;ntico pincho de tortilla. &iexcl;Qu&eacute; bonito es conocer mundo!<o:p></o:p></font></span></p>]]></description>
<date>5/11/2010</date>
<time>12:51:00 PM</time>
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<title><![CDATA[Dilailas]]></title>
<description><![CDATA[Ayer com&iacute; con mi amiga Yolanda y, en un momento de la conversaci&oacute;n, le coment&eacute; que estaba harto de intentar darme de baja en Telef&oacute;nica de una de las l&iacute;neas ADSL que tengo. La pobre soport&oacute;, estoicamente y sin perder la sonrisa, mis lamentos y mi frustraci&oacute;n&hellip; Los contestadores autom&aacute;ticos enumeran todas las opciones habidas y por haber - menos la que te hace falta- y cuando al fin conectas al otro lado del hilo con una voz amable y piensas que ya est&aacute; hecho: &iexcl;Ni hablar del peluqu&iacute;n!. Te dice, muy amable, eso s&iacute;, que tienes que llamar a otro n&uacute;mero. Cuelgas, tomas aire y lo intentas de nuevo, hasta que consigues hablar con otro agradable operador que te dice que vuelvas a llamar al primer n&uacute;mero que marcaste. Uno, adem&aacute;s de estos menesteres, tambi&eacute;n tiene una vida propia y, por qu&eacute; no decirlo, poca paciencia para aguantar que le tomen el pelo. <br /><br />La soluci&oacute;n es que me olvido del tema hasta el mes siguiente cuando me llega una nueva factura y entonces me vuelvo a acordar de que me tengo que dar de baja de Telef&oacute;nica&hellip; As&iacute;, llevo meses.<br /><br />Le coment&eacute; a Yolanda aquellos tiempos en los que pod&iacute;as llamar a una Compa&ntilde;&iacute;a y preguntar por el responsable, el encargado o la persona que se ocupa, y mejor o peor te daba las directrices para que actuaras. Ahora, todas las grandes empresas se han aprendido el cuento: montar un call center y estafar a la gente que, por paciencia, educaci&oacute;n o falta de &aacute;nimo, nos dejamos enga&ntilde;ar.<br /><br />Mi amiga me miraba soportando mi mon&oacute;logo hasta que, finalmente , moviendo la cabeza y sonriendo mal&eacute;fica, me dijo.<br /><br />&mdash; Yo, una vez a la semana, me dedico a las &ldquo;dilailas&rdquo;. Advierto a mi marido y a mis hijos de que no me molesten, y me concentro en resolver dilailas.<br /><br />Ya nos conocemos hace tiempo, tanto como para que nos manejemos con una curiosa jerga basada en cientos de chascarrillos comunes y vivencias divertidas, pero esa palabra era nueva en nuestro repertorio.<br /><br />&mdash; &iquest;Dilailas? &mdash; le pregunt&eacute; intrigado, pero con la certeza de que iba a tener su enjundia.<br /><br />Entonces, pas&oacute; a exponerme la definici&oacute;n de la dichosa palabreja: una &ldquo;dilaila&rdquo;, es una marr&oacute;n (cito textualmente), es el t&iacute;pico problema que te surge de una compra defectuosa, de un mal servicio, de una multa, de querer darte de baja de algo que has contratado y, cuando pretendes reclamar tus derechos, entonces se convierte en una misi&oacute;n imposible. No pediste la garant&iacute;a, no tienes factura o, simplemente, la empresa ha montado un dispositivo inexpugnable a su alrededor.<br /><br />Me cont&oacute; que en ese momento ella ten&iacute;a tres dilailas. Una de ellas es que el perito del taller tard&oacute; una semana en ver su coche y ahora est&aacute; reclamando el dinero que tuvo que gastar en el alquiler del veh&iacute;culo de sustituci&oacute;n. Conozco su perseverancia y no dudo de que lo conseguir&aacute;. Incluso, me coment&oacute; ufana, que hace poco le hab&iacute;an quitado una multa. Claro, ella es de ese uno por ciento de la poblaci&oacute;n que no permite que le tomen el pelo, pide facturas y las guarda, manda el sello de la garant&iacute;a en tiempo y revisa las facturas. La verdad es que me dio envidia, pero tambi&eacute;n me hizo recapacitar, mientras degustaba un delicioso cocido, en mis propias dilailas y en cu&aacute;ntas tendr&iacute;a yo en ese momento. En un instante record&eacute; tres, ah&iacute; pendientes de m&iacute;, persigui&eacute;ndome inmisericordes como ladillas y poniendo en evidencia mi falta de coraje para resolverlas. Lo siguiente que me vino a la cabeza es que todos llevamos dilailas pegadas a nuestra vida, es una cuesti&oacute;n impl&iacute;cita al habitante de las zonas civilizadas. All&iacute; mismo, con los garbanzos y el chorizo como testigos, me jur&eacute; a mi mismo que iba a terminar con mis dilailas aunque fuera lo &uacute;ltimo que hiciera en mi existencia. Para ser honesto y realista, no le hice esta confesi&oacute;n a Yolanda por si las fuerzas me flaquearan, &iexcl;a ver qui&eacute;n la aguanta luego!<br /><br />Hoy me he levantado y soy un hombre nuevo. He retomado un tema de seguros que tengo pendiente, un dinero que me tiene que pagar la compa&ntilde;&iacute;a Mercurio; s&iacute;, la del presidente de los empresarios, D&iacute;az Ferr&aacute;n, la que ha ido a suspensi&oacute;n de pagos. &iexcl;Una dilaila cl&aacute;sica!<br /><br />Despu&eacute;s de varias llamadas, he conseguido hablar con una se&ntilde;orita de un consorcio que tramita las indemnizaciones. Me reconoce la deuda y que tambi&eacute;n, lo m&iacute;o ha sido mala suerte, el d&iacute;a 7 de marzo dieron el visto bueno al pago y el 15 quiebra la compa&ntilde;&iacute;a, &iexcl;mecachis!. Me toma mis datos para cuando decidan pagar algo y, de paso, me pide mi cuenta del banco, aunque ya la tienen. Pero, y aqu&iacute; viene la preparaci&oacute;n de la dilaila, me pide que le mande un fax con mi libreta. Le pregunto que a qu&eacute; libreta se refiere y me contesta que la del banco. Me quedo a cuadros, la &uacute;ltima libreta que tuve creo que fue a los diez a&ntilde;os y en ella met&iacute;a monedas de dos reales, ante la supervisi&oacute;n de mi padre. Le digo, que no tengo libreta y me responde que sin libreta&hellip; Me sale contestarle: &ldquo;Tornad vuestra merced en el empe&ntilde;o, que no he de enviar libreta yo&rdquo;, pero me callo.<br /><br />La &uacute;nica concesi&oacute;n que me hace es que no es necesario ni sobre lacrado ni transporte en calesa ni siquiera fax&hellip; &iexcl;puedo enviarle la libreta escaneada!. Pero, Dios es justo, cuando ya me estaba imaginando la cara de mi amiga Marisa, la directora de mi banco, cuando le pidiera una libreta, de pronto, me he acordado de que mi hijo tiene una libreta y por suerte, aparece mi nombre. La he escaneado y se la he enviado &ldquo;ipso facto&rdquo;. A&uacute;n no las tengo todas conmigo, mi hijo es el titular, pero estoy satisfecho porque, al menos, he puesto en marcha un tema olvidado. Otra cosa es cu&aacute;ndo me pagar&aacute;n&hellip; eso son dilailas mayores. <br />]]></description>
<date>4/23/2010</date>
<time>7:16:00 AM</time>
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