HOME | LIBROS | RELATOS | ENTREVISTA | FOTOS | NEWS | BLOG | LINKS | DONDE COMPRAR
   
Entrevista | Eduardo Serrano


Entrevista a Eduardo Serrano, autor de “La golondrina roja”.

Por Marta Cerame

Eduardo Serrano

 “Mis personajes me revelan sus intenciones y me cuentan lo que quieren hacer, yo sólo les pongo los medios para que se desarrollen“

Un inmenso bigote y unos ojos verdes ligeramente arqueados marcan definitivamente la expresión de este autor madrileño de 53 años. Amable y cálido, recibe las preguntas con un pitillo en la mano y una taza de café siempre cercana. El ordenador se ha convertido en su mejor compañero de viaje desde que decidiera dedicar su vida a vivir sin jefes ni horarios. En su vida ha hecho “casi” de todo y, cuando era un poquito más joven, lo mismo lograba destacar en el mundo profesional de la fotografía y la televisión que en el de adiestramiento de perros.  Según los suyos, es maestro en muchas disciplinas, un excelente amigo y, en esta nueva faceta artística, tienen claro que volverá a demostrar que si quiere, puede.

¿Quién es Eduardo Serrano?
Me temía esta pregunta (sonríe). Pues, supongo que yo mismo a día de hoy, una persona inquieta que, por lo visto, se reinventa constantemente. Comencé mi andadura profesional como fotógrafo, hice un sinfín de montajes audiovisuales con diapositivas hasta que un día comprendí que necesitaba que las imágenes se movieran solas sin necesidad de utilizar el mando del proyector. Me pasé al vídeo y trabajé como reportero gráfico de televisión durante muchos años, tuve la ocasión de cubrir como corresponsal la primera guerra del Golfo en Bagdag y viajé por todo el mundo detrás de la noticia. He compaginado mi trayectoria profesional con una afición, el adiestramiento canino, puedo decir que fui uno de los pioneros en España en dedicarse a la competición. He sido subcampeón de España de shutzhund (prueba alemana para perros policía) y he participado varias veces en el campeonato del mundo representando al equipo español. La aparición de internet fue más tentadora de lo que podía aguantar. Desde el primer día comprendí que aquello iba a revolucionar el mundo y no tardé en integrarme en las primeras reuniones del “First Tuesday” donde nos juntábamos inversores y emprendedores. Puse varios proyectos en marcha, pero tardaron en arrancar más de lo previsto, aún así yo seguía convencido de que la red tendría que dar sus frutos. Por fin en 2004 se produjo el despegue y pude ver que no me había equivocado con mi apuesta. He cumplido el objetivo de “trabajar desde el garaje de casa”, sólo necesito el portátil y una línea adsl. He podido  establecer mis horarios y ser dueño de mi tiempo y de mis aficiones. Esta forma de vida me permite dedicarle tiempo a mi familia, hasta he aprendido a cocinar, y poder dedicarme a la escritura.

¿Cuándo empezaste a escribir?
Bueno, la verdad es que escribo desde siempre. El primer recuerdo que conservo es del colegio San Agustín; tendría diez años y escribía una gacetilla basada en “Los autos locos”, una serie de dibujos animados, en la que sustituía a los personajes “Pierre Nodoiuna” y “Penélope Glamour” por los profesores. La verdad es que tenía un éxito impresionante entre mis compañeros de clase que, divertidos, me pedían más episodios. Al final, un “pelota” hizo llegar uno de los ejemplares a manos del profesor de Ciencias, Don Maximino “El piojo” y, al parecer, no le hizo ninguna gracia que yo describiera su forma de rascarse la cabeza en clase buscando materia orgánica y menos aún cómo, después, escrutaba entre las uñas de sus dedos el botín. La imagen del profesor sentado en su mesa era asquerosa, los hombros de su chaqueta poblados de caspa y su afán incansable por hurgarse el cuero cabelludo en cuanto tenía ocasión. ¡Qué menos que dedicarle unas líneas!  El “hijo de su madre” me suspendió en primero y en segundo de bachillerato la asignatura de ciencias naturales, cuando era una materia que me apasionaba.
Muy pronto, los padres agustinos se dieron cuenta que tener entre los alumnos a alguien creativo y con suficiente personalidad para no tragarse sus galletitas de la salvación, no encajaba en su sistema educativo. Fue una etapa difícil de mi vida, quizá la peor, y la consecuencia de este desencuentro fue que terminé odiando cualquier relación con la cultura oficial. Creo que no volví a leer un libro hasta que llegué a la Universidad, entonces cayeron en mis manos algunos ejemplares de Kafka, Bakunin, Kropotkin, Marx, Rousseau, Darwin, Malthus… En esta etapa me reconcilié con la escritura, pero únicamente con ensayos que más que nada me servían para sacar mis propias conclusiones, sin ninguna intención más. Escribía sobre el hombre, sobre sus paralelismos con los primates… Elucubraciones en busca del origen del hombre que no llegaban a ningún sitio.
Hace unos años, leyendo un tostón de libro, me acordé de mi capacidad para escribir, de lo que disfruto haciéndolo y concluí que lo pasaría mejor si me ponía a prueba estrujándome las neuronas. Me senté en el ordenador y al momento vinieron las imágenes, sólo había que teclear.

Pero… ¿no habías publicado ningún libro hasta ahora?
No, tengo escritas dos novelas y otros dos libros de literatura juvenil. “Las mariposas de la mente” es la obra de la que más orgullosos me siento, pero sólo han leído el borrador tres de mis amigos. También está “Markus, ¿Qué has hecho?”, un librito muy divertido que escribí con la intención de ofrecerlo desde una de mis webs relacionada con el mundo canino. Nunca me había planteado que lo que yo escribiera le pudiera interesar a alguien, para mí el objetivo de escribir es divertirme.

Ahora, “La golondrina roja”  ya está  a la venta …
La verdad es que las cosas se han precipitado, ha sido muy curioso. Había dejado unos ejemplares de Markus en la librería Almez de Torrelodones y me avisaron de que, con motivo de la fiesta del libro, iban a organizar una firma de libros para los autores de Torrelodones y querían que participara. La idea me ilusionó, pero a continuación pensé que si exponía mis bigotes al público debía de hacerlo con alguna obra más consistente. A toda velocidad me puse en contacto con Patricia Gómez, de www.inwoko.com para que diseñara la ilustración de la portada - por cierto, espectacular- y llevé el manuscrito a la imprenta; en el plazo de una semana ya tenía los primeros ejemplares de “La golondrina roja” para presentarlos.


¿Tienes alguna rutina para escribir? 
Me hace gracia esta pregunta, precisamente soy anti-rutinas y anti-disciplinas. Cuando me siento frente al teclado quiero disfrutar, pongo toda la emoción y la pasión; si tuviera que escribir por obligación o porque es la hora, no tendría ninguna gracia. Cada vez lo tengo más claro, ahora que mis libros están circulando, si pretendo que mis lectores lloren de emoción, antes lo he tenido que hacer yo. Escribo desde esa premisa, si no siento que estoy vibrando y con los sentidos a flor de piel, sé que el resultado será un desastre. No sé escribir por disciplina. Hay que escribir con las tripas, bueno en realidad, al igual que en todo proceso artístico. Si pretendes salir adelante con cinismo, tendrás una carrera muy corta. Cuando escribo, muchas noches se me juntan con el día; es frustrante ver amanecer tras seis ó siete horas tecleando sin enterarte de nada, embebido en una historia que estás creando, y  tener que trabajar sin dormir. Es duro, pero también reconfortante… uno elige lo que le gusta. Pienso que crear algo de la nada es la cosa más gratificante, la sensación de sentir en tus manos una obra que ha salido de tu interior es incomparable, no sólo me refiero a la escritura, cualquier proceso donde interviene la creación nos hace sentirnos orgullosos, pequeños dioses.

 ¿Cómo planificas tus novelas? ¿Haces diagramas con los personajes?
Bueno, eso hacen otros escritores. Yo no soy capaz, necesito primero conocer a los protagonistas, verles las caras, saber cómo sienten y entender su personalidad. Primero me pongo a escribir escenas cotidianas y ellos mismos van revelándome sus intenciones, sus problemas, me cuentan lo que quieren hacer y yo les pongo los medios o las personas con las que tienen que encontrarse para desarrollarse. Es una labor divertida e imaginativa, pero hasta que no tengo la certeza de saber lo que necesitan, no sé planificar la novela. Luego la cosa va sola.

En “La golondrina roja”, la trama se desarrolla a principios del siglo pasado  ¿Te documentas para escribir tus novelas?
Mira, este tema de la documentación me altera los nervios, para mí un libro, mejor dicho, una novela, debe contar una historia y, evidentemente, esa historia se debe desarrollar en un escenario, ya sea el siglo XII o una galaxia llena de pequeños entes etéreos. Pero, ahí están los libros de historia para los que pretendan aprender con detalle lo referente a una época, no encuentro sentido a documentarme, copiar ambientes y luego mover a unos personajes que corren mejor o peor suerte en ellos. Cualquiera con paciencia es capaz de hacerlo y, aunque hay muchos autores que tienen éxito con este método, yo me niego. Para mí lo importante son las emociones, los pensamientos, las reflexiones; por supuesto que hay que ser riguroso a la hora de la documentación, pero siempre debe quedar en un segundo plano. Creo que es más importante describir al detalle un tic nervioso del protagonista antes que un sinfín de referencias sin sentido. Yo utilizo la documentación cuando creo que hace falta, no al contrario.

¿Quiénes son tus autores favoritos?
Bueno, te podría citar a muchos, pero si me tengo que quedar con uno es sin duda Stephan Zwieg. Creo que he leído todo lo que se ha publicado de él en español y puedo asegurar que es un genio. Su forma de escribir es magistral. Fue uno de los primeros europeístas y vivió una vida llena de incertidumbres. Un judío austriaco al que le tocó vivir las dos guerras mundiales tiene mucho que contar. Las biografías que escribió sobre Magallanes, Erasmo, Maria Antonieta… y, la menos conocida, de Balzac, son libros de lectura obligada.  Aunque su propia biografía “El mundo de ayer” es magistral, quizá el libro que más me ha gustado, lo habré leído cuatro o cinco veces. Por decirte a alguien español, me quedo con Delibes, pero si te digo la verdad, me quedo con sus primeras obras “Los diarios” y “Los Santos inocentes”.  “El Hereje”, aún siendo una obra genial, para mí, sucede lo que te he comentado antes, es un libro en el que hay momentos que el escenario se come la trama, no transmite las emociones de sus primeras obras.

¿Para cuándo la próxima novela?
Estoy con un libro increíble, empecé a escribirlo pensando en mi hijo, en ponerle entre las manos algo con lo que disfrutara y al mismo tiempo aprendiera muchas cosas, el resultado es un libro de aventuras entre exploradores, selvas, pigmeos, peleas y muchos animales… No sé si le gustará, pero lo que te puedo asegurar es que yo mismo he disfrutado mucho; estoy con el último capítulo y con pena de terminarlo.
También tengo en marcha, muy avanzadas, otras dos novelas. Una es  muy actual y los personajes se mueven en redes sociales y páginas webs de contactos. La otra es una novela de intriga en la que un periodista inglés encuentra un autómata, un ingenio mecánico de los que se pusieron de moda en las cortes europeas en tiempos medievales, pero que en vez de producir música o imitar movimientos humanos tiene la peculiaridad de que es una máquina de matar.

¿Cómo ves tu futuro como escritor?

Nunca me he planteado ningún futuro, de hecho ni tengo agente literario, ni editorial, y si me apuras, ni ganas de tenerlos. No te voy a negar que después de la publicación de mi novela “La golondrina roja” y la buena acogida que ha tenido entre los lectores es tentador dar un paso más, pero uno ya tiene experiencia en cómo funcionan las cosas y sabe que el mundo literario es muy difícil. Seguiré editando mis libros y el tiempo decidirá dónde termino, de lo que estoy convencido es que seguiré escribiendo mientras me emocione hacerlo.